Es increíble como con este sencillo
ejercicio de compartir el pan con los demás pude descubrir mi sentir y el de
los demás, porque es en ese instante cuando Jesús es el que se hace presente
entre nosotros para unirnos como hermanos y sus hijos; desde luego que no todos
lo tomaron con agrado, pero, su reacción de asombro, sorpresa y enojo, es
natural a los ojos de Jesús, porque también en aquellos tiempos hubo quienes no
veían con agrado cenar con Él.
Espíritu Santo en tus manos pongo mi
servicio para salir a alimentar a mis hermanos de la palabra de Dios para que nos
nutra en cada momento de nuestras vidas. Amén.
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