Nada puede compararse con el gran
sacrificio que Jesús ofreció por el perdón de todos los pecados del mundo; solo
con pasos pequeños, pero firmes, puedo ir consagrando mi vida al servicio de
los demás para gloria de su nombre.
Por lo que a través de la oración y la participación constante del Evangelio y la
Eucaristía, es como he ido fortaleciendo mi alma poco a poco para no caer en
tentación y mi actuar más agradable a
sus ojos.
Espíritu Santo en tu luz encomiendo
mi caminar para que mis caídas se conviertan en aciertos.
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