Amar a Dios
con todas mis fuerzas significaría que en las oportunidades en que yo no
sepa como salir adelante, me deje guiar por el Espíritu Santo, y me preguntaría
“que haría Jesús en las circunstancias en
las que me encuentro”, “como él reaccionaría” entonces, en la meditación hago lo
que considero que él haría y eso me llena de beneplácito, no hago lo que
racionalmente quisiera hacer, si no lo que debo hacer. Abandonarnos a la
voluntad de Dios es confiar en él.
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