Tu mi Dios no me haz dejado solo, en tu plan de salvación me haz dotado de las herramientas para ser santo y me haz dado los sacramentos como sello de tu alianza personal conmigo.
Solo yo soy el culpable de no acercarme a tí por causa de las tentaciones terrenales, cuando tu me haz dado un símbolo y realidad de vida eterna.
Todo bajo la guia y custodia de nuestro hermano Jesús, tu en el bautismo nos haces parte de tí y de la iglesia, tu nos confirmas en la fe de la iglesia, tu nos purificas de nuestras inmundicias, a través de la reconciliación y tu nos permites ser parte de tí.
Sin embargo; esta a nuestro alcance la salvación y solo basta nuestra voluntad para aceptarlo y hacer realidad el mandamiento del amor al prójimo.
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