Con esta experiencia, da la impresión de que las cosas cotidianas de la vida tuvieran otra dimensión: las puedo ver disminuidas,o simplemente como algo pasajero; que no por ello debo omitir en trabajar en ello, pero sí la fuerza con que se enfrentan es diferente: no es ganar en todo, no es ser la primera en todo, no es competir en todo. El primer cambio es la firme convicción de no perder la paz, de buscar a Dios en las diferentes circunstancias e invocar las mociones del Espíritu Santo. Él trabaja sólo con nuestro consentimiento, que es nuestra disposición, nuestra docilidad acompañada de confianza ( no indiferencia) . En esos momentos de silencio vivo una especia de renovación suave, que me coloca nuevamente ante mi día a día con un espíritu diferente. También he percibido mayor eco al escuchar la Palabra de Dios, al participar en la Eucaristía. Es como un remanso en diferentes sentidos. Es un experiencia sencilla, pero muy valiosa en mi vida diaria.
Muchas gracias y Dios bendiga el trabajo y esfuerzo de todos.
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