Cuando convives teniendo
presente a Dios, permitiendo que Jesús sea compañero de viaje, los problemas del día se ven de otra manera, no
existe miedo, no cuesta trabajo enfrentarlos, porque antes pareciera que en
automático comenzaras a hablar y machacar a cada momento las cosas y problemas
que nos aquejan: la economía, el clima, lo que -fulanita dijo de mí- y -como me
desquito-, etc.; y para no entrar en conflictos es mejor pedir aire al Espíritu
Santo para guardar compostura y no entrar en confrontación, tu mirar y sentir
cambia, hablas más relajada y te comportas de una manera más amable y el día cambia,
de tal manera que damos gracias a Dios que pudimos ver un nuevo día para
llenarlo de experiencias agradables, ya que no es bonito estar enojado todo el
tiempo porque a la larga lo único que ganamos es enfermarnos y alejarnos de
Dios, y de nuestros hermanos. Gracias Jesús porque al enviarnos al Espíritu
Santo me permites resucitar y ser uno con los demás para entender que no
estamos solos y que nos das muestras de amor y oportunidad de ser mejores cada día
de nuestra vida, regalándonos un nuevo amanecer.
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